Poseer o estar poseído

Hace algunos años estaba en sesión de coaching con el director general de un importante banco de negocios. Me contó una anécdota que me impactó mucho.



Uno de sus principales clientes solía acudir al banco una vez al mes para revisar el rendimiento de sus activos. En realidad tenía suficiente para vivir cómodamente 100 vidas. Pero periódicamente acudía a la oficina del banco, se reunía con el director general y le mostraba su frustración porque su dinero no estaba teniendo el nivel de rendimiento que él esperaba y se marchaba triste, frustrado y enfadado.

Un día, el director general le explicó con valentía que el mercado no tenía la misma perspectiva que hace unos años, pero que lo más importante era que podía cambiar su vida si cambiaba su perspectiva y se alegraba de un rendimiento global satisfactorio.



A partir de esta anécdota siempre me ha fascinado nuestra cultura de la posesión y de cómo ésta puede llegar a controlarnos.



He visto a gente obsesionada con su casa, su coche, su barco, su fortuna,... pero también con su posición, su estatus, su trabajo, o, lo que es más sorprendente, su mujer/marido, sus hijos, su perro... intentando detener el tiempo para aferrarse a ellos y no perderlos.



¿Qué es lo que posees tú que es tan valioso para ti?

A su vez, ¿Qué crees que puede poseerte a ti?



A veces pienso en todas esas posesiones que tenemos en nuestra vida y que pueden poner en peligro nuestra libertad... ¡sin que seamos conscientes de ello!



¿Qué es lo que necesitamos para viajar más ligeros?


¿Qué es lo que necesitas dejar ir?




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